Mindfulness en el colegio

UNA HORA EN UNA CLASE DE ATENCIÓN PLENA

‘Mindfulness’: así se enseña en España como asignatura obligatoria en Bachillerato

La Asunción, centro concertado religioso de Málaga, con 153 años de historia, imparte desde el pasado 21 de septiembre esta materia evaluable y pionera en todo el país

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30.09.2017 – 05:00 H.

Se concentran en la pared en vez de situarse en el centro del aula. El profesor, les pide que formen en círculo respetando los espacios para tumbarse. Son las 8.05 de la mañana y todavía queda media docena de alumnos por llegar. Los estudiantes ya están en el tatami (de color azulgrana) de 60 metros cuadrados diseñado para las clases de kárate. Al fondo hay una inscripción, con una frase en japonés: ‘El camino de la mano vacía’.

Hoy es jueves y aún el sol está perezoso, hay clase de ‘Mindfulness‘ (atención plena en el universo emocional). El colegio de La Asunción, un centro concertado religioso de Málaga, con 153 años de historia, imparte en segundo de Bachillerato, y desde el pasado 21 de septiembre, esta materia obligatoria, evaluable y pionera en España. Y de las primeras experiencias como asignatura curricular en todo el mundo, según el docente. Estados Unidos, Canadá o Australia estudian incorporar el ‘Mindfulness’ como asignatura obligatoria en todos los centros educativos para el año 2020.

Por qué los niños necesitan iniciarse en el mindfulness cuanto antes

Quienes lo practican son capaces de templar los ánimos en situaciones de estrés; son más empáticos y comprensivos en lugar de dejarse llevar por emociones como la ira y el enfado

 

 

La enseñanza de Bachillerato permite un par de horas con asignaturas de libre configuración. Presentaron la propuesta ante la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía y el proyecto fue aprobado por la inspección educativa.

–¿Vosotros no erais de Barrio Sésamo, verdad?– pregunta para destensar.

Los alumnos, que antes de entrar en el aula se han quitado los zapatos para no estropear el tatami, se miran entre ellos.

–No, no es de vuestra generación, lo sé. ¿Pero sabéis qué es Barrio Sésamo, no?

–Sííí– responden.

–Pues hoy vamos a hablar de arriba/abajo y de dentro/fuera.

Hay que centrarse en el momento presente. Fuera distracciones. Las externas, como el ruido exterior de los pájaros que cantan o la chiquillería de niños que empezará a revolotear fuera de la clase, situada frente al aula de Infantil. Las distracciones internas son las más difíciles de expulsar. El profesor las compara con un “caballo desbocado”. “Nadie os ha enseñado a controlar la mente. Ahora es un potro pegando coces y saltando por todos los sitios”.

 

Pensamientos observados

La doma del caballo, de los pensamientos que aparecen, debe ir acompañada de una cuerda. Y esa cuerda es la atención. “Cuando observo los pensamientos, estos se sienten observados y al sentirse observados se modifican solos. Ni se os ocurra controlar la mente porque la batalla la tendríais perdida de antemano; siempre”.

Los estudiantes colocan la mano izquierda abajo y la derecha, arriba. El cuerpo puede protestar con picores, inquietud y nerviosismo. Y al sentirse observado, le gustaría salir corriendo, pero no. Ahora se trata de conectar el cuerpo con ciclos de respiraciones. “Si pensáis algo y os va distraer, lo acepto y lo reconozco. Os podéis imaginar ese pensamiento en una nube y dejarlo marchar. Si tenéis alguna molestia también la observáis y

Suena la canción ‘Ek Ong Kar Sat Nam’ de Snatam Kaur‘, una música pegadiza en su tranquilidad, suave. Los chicos y chicas continúan en silencio. Respirar y concentrarse es más fácil con los ojos cerrados. Quieren que todos adopten una posición relajada, pero sin dormirse. La postura del cuerpo (con la espalda recta) es clave. Tiene que ser digna, buscando una posición cómoda. El profesor anima a que los alumnos compartan. “El compartir es activamente positivo”. Van a hablar los alumnos.

 

“A ver, Gallego”, anima Blesa. Gallego es Mónica Gallego, de 17 años. Quiere estudiar Medicina. “Al principio me ha costado concentrarme”. El caballo se iba. “La sensación que tengo ahora es de paz y tranquilidad. Me siento súper tranquila. Lo recomiendo. Se lo he comentado a mi madre y con lo que le he contado quiere venir a una clase. A mí me está ayudando a concentrarme más”.

A Gema le ha ido “bien” en algunos momentos y en otros no. “Luego empecé a pensar en lo mío y me he agobiado”. El profesor apostilla: “No, ‘lo mío’ no es lo tuyo. Tus pensamientos no son tú. Esto es lo que tu mente quiere que tú creas que eres tú. Los trenes no son la estación del AVE. La mente y la consciencia es la estación del tren, pero los trenes son como los pensamientos. Van y vienen”.

El estrés de segundo de Bachillerato

Las primeras sesiones de ‘Mindfulness’ con jóvenes de 16 años no deberían exceder más de 10 minutos. E impartirlas a alumnos de segundo de Bachillerato les ayuda en un curso clave, que acaba en mayo y culmina con la Selectividad. El año en el que eligen su futuro laboral y la carrera universitaria que la mayoría estudiará. “Se juegan mucho en el plano emocional. Aparte de la presión académica, están súper estresados. Es una edad complicada, también con las salidas, las parejas”, cuenta la directora del colegio

Esta experiencia ya empezó el curso pasado en cuarto de la ESO con un grupo conflictivo. “Se consiguieron muy buenos resultados y los propios alumnos lo han demandado”, señala Vega. Los objetivos, según Blesa, han cambiado. Con aquel grupo de adolescentes de 14 años el profesor intentó gestionar las emociones. Una niña me dijo que su abuela se había muerto. Otro chico dijo que sus padres se iban a separar. Nadie nos enseña cómo enfrentar estas situaciones. Aquello se me quedó grabado”.

A partir de ese momento el profesor pensó que había que tratar de buscar una herramienta que afrontara situaciones complicadas de dolor y sufrimiento. “En el fondo es darle un sentido a la vida. Esto es un camino para ellos. Para mí esto es más importante que enseñar Sócrates, Platón o saberse los poemas de Miguel Hernández. Ellos son gestores de su cuerpo y mente, de todas las trampas mentales. A mí el ‘Mindfulness’ me ha ayudado tanto en lo personal (muchísimo) y profesional. Y lo quería compartir”.

La asignatura no profundizará en las emociones, aunque sí en cómo contar con más habilidades emocionales, ganar autoestima, compasión para uno mismo y para los demás. Si decidiera aplicar una intensidad mayor en la educación emocional (sobre todo en cursos menores) entonces necesitaría la ayuda de un psicólogo, porque lo mismo “empezarían a llorar y se agobiarían”. La intención es que el ‘Mindfulness’ no se reduzca a Bachillerato o a unas horas de tutorías, como ocurre en otros centros en España.

 

La sensación de relax en la frente. De la frente a los párpados. Dejan descansar los párpados. Los labios se tocan, pero no están apretados. Los talones y las plantas de los pies se encuentran abiertos hacia los lados. La palma de la mano tiene que sentir el tatami. La cabeza no se pone de lado, sino mirando al techo, apoyada en el tatami. Y empiezan las respiraciones.

¿Y si aparece un pensamiento? Se deja marchar y vuelta a escanear la sensación de la cabeza en el suelo. Es tiempo para relajar los músculos de la frente y focalizar justo ahí la atención. Los músculos se dejan caer y luego a los pómulos, los laterales de las manos…

Sonido de gaviotas que viajan (está a 500 metros de distancia) al apacible mar Mediterráneo de septiembre. Y luego un claxon de un padre o madre que quiere dejar a su pequeño en la puerta del colegio.

 

La relajación del cuerpo viaja ahora a los músculos del cuello, sube a los brazos, se focaliza en los dedos de las manos. Descansan ya las manos. Los pulmones se ensanchan y se contraen. Es tiempo de escuchar los latidos del corazón. “Relajamos glúteos y pelvis”. Y la imagen de los chicos desde arriba, ellos dominando la situación, como si flotaran. Un cuerpo desde arriba que respira. El recorrido del aire pasa por la tráquea, los pulmones, el estómago y baja por las piernas hasta la punta de los dedos. El aire va y luego vuelve.

–Os vais incorporando.

Otra vez suenan los tres gongs del cuenco tibetano.

Relajarse antes de dormir

Un chico explica lo que ha sentido. “Notaba que me quitaba peso de encima. Parecía como si estuviera flotando y he respirado profundo”. El pecho también llegó a oprimirle, pero cuando ha dejado pasar la emoción y se ha centrado en escuchar a su cuerpo la motivación ha sido “muy buena”.

Ya va acabando la clase. Hay tarea. “Todas las noches, cuando os acostéis”, indica el profesor, “tumbaos boca arriba y hacedlo con las manos en el pecho y haciendo dos ciclos de 25 respiraciones. Hay que relajarse antes de dormir. Y nada de pastillas, ni somnífero y olvidad las pantallas de los móviles. Empezaréis a respirar