Mindfulness para acabar con el estrés

Mindfulness para acabar con el estrés

El estrés y Mindfulness

Ana Costa,

El estrés desde un punto de vista psicológico, por simplificarlo mucho, sería la percepción que tiene la persona de una situación como estimulante.

Si es percibida como positiva, entonces hablamos de “eustrés”, que es ese tipo de estrés “bueno” o positivo que nos ilusiona, nos estimula y nos impulsa a avanzar y a mejorar.

Sin embargo, en general, cuando hablamos de estrés, solemos referirnos al “distrés” o estrés “malo”. En ese caso, la situación es percibida como negativa y nos cuesta mucho manejarla porque nos supera y nos sobrepasa y nos sentimos desbordados por ella y sin los recursos suficientes para hacerle frente.

Lo vivimos como una amenaza, aunque no lo sea realmente, y nuestro cuerpo se prepara para “salvarse” y se pone en alerta, con el objetivo de dar una respuesta que nos “salve la vida”, es decir, de defensa, lucha o huida.

Si eso ocurre solo de vez en cuando, no resulta tan grave. El problema está cuando vivimos en alerta permanente, bien porque no nos sentimos preparados para las situaciones que debemos enfrentar, o bien porque tenemos que hacer frente a demasiadas cosas a la vez. Al principio, lo vamos manejando como podemos, pero, llega un momento que tanta estimulación nos agota, nos deja exhaustos y nos derrumba física, psicológica y emocionalmente.

Si estamos permanentemente estresados, nuestra salud se verá cada vez más afectada, pudiendo llegar a trastornos de ansiedad severos, o a consecuencias muy graves y peligrosas (trastornos cardíacos, problemas digestivos graves, etc.).

La práctica del mindfulness tiene muchos efectos beneficiosos, todos muy importantes a la hora de afrontar nuestro estrés. Por ejemplo:

– Aprendemos a estar en el presente, con lo que nuestra mente no se escapa tanto al futuro y, por tanto, no nos preocupamos por todo lo que hipotéticamente podría pasar (que, cuando sufrimos de estrés, siempre es terrible).

– Aprendemos a aceptar las situaciones y a no dejarnos arrastrar por ellas, con lo que, nuestra actitud cambia y no nos sentimos tan sobrepasados por lo que ocurre.

– Nuestro cuerpo segrega hormonas compatibles con la calma y la relajación y, por tanto, incompatibles con las que se segregan en estados de alerta o activación extrema.

 Se desarrolla la parte prefrontal de nuestro cerebro que tiene que ver con responder, en lugar de reaccionar, es decir con aprender a desapegarnos de la realidad y a verla con la distancia y la objetividad necesaria para elegir qué respuesta queremos dar y cómo queremos actuar, en lugar de actuar automáticamente, sin pensar, ni valorar.

– Aprendemos a focalizar nuestra atención en una sola cosa cada vez, por lo que dejamos de sentirnos sobrecargados y saturados por demasiadas cosas a la vez.

– Nuestra mente se tranquiliza y dejan de asaltarnos continuamente tantos pensamientos que nos provocan mucho estrés.

¿Qué ocurre cuando estamos en un estado de supervivencia constante?

En primer lugar nuestra atención se focaliza hacia el exterior, estamos contínuamente concentrados y gastamos grandes cantidades de energía, de modo que al final del día nos sentimos profundamente cansados, física y anímicamente.

Las consecuencias en general son conocidas por muchos: ansiedad, ira, dolor, preocupación, frustración, miedo, competitividad, inseguridad, baja autoestima.

Todo en un estado de supervivencia es una emergencia. Nos volvemos obsesivos y compulsivos, sufrimos de insomnio o fatiga crónica, padecemos ansiedad o depresión o queremos ser los mejores y nos obsesionamos con el perfeccionismo y hacerlo todo bien.

¿Cómo podemos salir del estado de supervivencia?

El problema es que si a una persona en ese estado de supervivencia le dices: “tienes que cambiar de actitud”, lo único que consigues es agravar su problema. Su mente está viendo nuevos problemas que afrontar, y el estrés aumenta. Porque pasar del estado de ondas beta altas a ondas alfa, que son las propias de relajación y quietud, es muy difícil. Pero no imposible.

Por ejemplo, existe una estratagema propia del Coaching Estratégico llamada “Cómo empeorar”. Se trata de que cada noche antes de irnos a dormir dediquemos 5-10 minutos para pensar cómo podemos empeorar aun más la situación que nos genera estrés. Es curioso cómo en la mayoría de los casos se produce el efecto contrario: al pensar en cómo empeorar nuestra situación, de repente nos hacemos conscientes de que somos nosotros mismos quienes hacemos todo aquello para estar peor. Es decir, nos damos cuenta de que todo depende de nosotros, de cómo actuamos, vemos o interpretamos la realidad.

Por otro lado, Joe Dispenza, autor del libro “Deja de ser tú”, nos propone utilizar la meditación a nuestro favor. Es una manera de ir bajando poco a poco las ondas Beta altas a medias y luego a bajas, para así llegar a las puertas de las ondas Alfa, que harán que dejemos de concentrarnos en el exterior, en el tiempo o nuestro propio cuerpo, y vayamos más allá de nuestra mente, analítica y juzgadora, adentrándonos en el mundo interior, abstrayéndonos del espacio y del tiempo.

Lógicamente realizar la meditación de forma adecuada requiere paciencia, tiempo y mucha constancia. Pero según este autor, al cabo de una semana estaremos preparados para iniciar una práctica efectiva de la meditación y así ser capaces de salir de ese estado de estrés que domina nuestra vida para empezar a vivir, en lugar de dedicarnos a sobrevivir en nuestra vida diaria.