La silenciosa revolución del Mindfulness

La silenciosa revolución del Mindfulness

Autor: Cristóbal Fredes

La meditación experimenta desde hace años un tremendo auge globalmente. También porque la ciencia ha acumulado suficiente evidencia de sus beneficios y porque fomenta una suerte de espiritualidad sin religión. Entrenar la mente se ha vuelto un pequeño superpoder al alcance de todos,

Se dice que es un antídoto para la ansiedad. Que reduce el estrés. Que mejora la concentración. Que permite observarse a uno mismo. Tomar mejores decisiones. Que es una suerte de espiritualidad del siglo XXI o la autoayuda que realmente funciona.

Y detrás de esas afirmaciones no hay únicamente personas que dicen namasté en vez de gracias, que se visten de morado porque es el color de la espiritualidad o que reciben sugerencias de YouTube con más horas de música new age, sino todo tipo de gente. Gente que se convenció de que así como es beneficioso ejercitar el cuerpo, vale la pena hacer lo mismo con la mente.

Es la meditación o más específicamente el mindfulness, cualidad mental que se cultiva en diversas prácticas meditativas y que consiste en mantener la atención en el momento presente.

Pese a ser un componente fundamental de diversos tipos de meditación budista, el término mindfulness (cuya traducción es “atención plena”) se usa también para denominar a la meditación que se viene desarrollando desde hace más de tres décadas en Occidente, una versión secular que creció al alero del sistema de salud y de los profesionales que la adaptaron.

En general, el mindfulness se ejercita prestando mucha atención a la respiración, las sensaciones físicas y, en etapas más avanzadas, a los pensamientos, las emociones y lo que sea que emerja en la conciencia. Visto desde afuera, es aún más simple: una persona sentada inmóvil, normalmente con los ojos cerrados y por un lapso de entre 10 a 40 minutos.

Este ejercicio introspectivo permite ir desarrollando habilidades aplicables cotidianamente, como saber lo que pasa en la cabeza sin dejarse atrapar por ello o responder más sensatamente a los estímulos en vez de meramente reaccionar.

Aparenta ser sencillo, pero expertos y practicantes coinciden en que requiere práctica y constancia. No es fácil, primero porque la mente no está acostumbrada a sostener la atención tanto tiempo en un objeto, como la respiración; y segundo, porque no es cualquier tipo de atención la que se busca. Es una atención consciente de sí misma y ecuánime, que no enjuicia lo que observa.

El boom de la atención plena 

El tremendo auge del mindfulness se manifiesta en distintos fenómenos.

La ciencia estudia y celebra cada vez más sus efectos, y se hacen seminarios y congresos sobre el tema en las universidades más importantes.

Se ha vuelto trendy: se habla de mindfulness no sólo en las páginas de sicología, sino que además en blogs como Brain Pickings o The Minimalist, y abundan charlas sobre el tema en sitios como Big Think o TED. Se enseña al interior de compañías como Google, donde el curso sobre mindfulness es el más demandado entre sus empleados. Lo practican deportistas de elite: Novak Djokovic o los New York Knicks. Lo predica Arianna Huffington, fundadora delHuffington Post. Y hasta inquietos músicos, como el vocalista de Weezer o el rapero 50 Cent, meditan y hablan de lo mucho que les ha servido.

 

“Parte de su auge tiene que ver con cómo ha sido presentado a nivel social”, dice Pulido. “Respaldada científicamente, propuesta de una manera que no es jerárquica, sin líderes que reverenciar ni religión que creer. Y respeta un valor que hoy es intocable, que es el de la individualidad”.

Pulido cree, eso sí, que la razón principal del boom del mindfulness es lo que llama la enfermedad de estos tiempos: “La hipertecnologización, el hiperaceleramiento de la temporalidad. Somos una máquina de producción que no para nunca. Y a lo primero que apela el mindfulness es a hacer un alto. Ya eso es terapéutico. Y no es nada nuevo, Pascal lo decía: los males del ser humano tienen que ver con no ser capaces de estar a solas en una habitación”.

La ciencia de la introspección

Cosmelli aclara que una parte de la investigación alrededor de la meditación es todavía preliminar (como la relacionada con que modifica la estructura cerebral, algo de lo que se habla mucho últimamente). Sí dice que hay evidencia sólida en tres ámbitos: “En primer lugar, la reducción del estrés, donde hay efectos positivos consistentes. Por otra parte, tiene un efecto en las capacidades atencionales de las personas: hay mayor facilidad de sostener la atención y resolver conflictos perceptuales. Y en tercer lugar, favorece una mejor regulación emocional, una mirada más ecuánime de las situaciones”, dice.