Claves para vivir en el presente

LAS CLAVES PARA VIVIR EN EL PRESENTE

Por Vicente Simón

La mente “de mono”. “Habitualmente nuestra mente no se encuentra en un estado de serenidad, sino más bien de agitación o, al menos, de continuo diálogo interno, algo que frecuentemente se describe como “mente de mono” o “mente errante”. El problema de esa mente caviladora es que, como fácilmente se comprende, no ayuda a resolver los problemas, sino que más bien los acentúa. La mente caviladora se preocupa del pasado y del futuro y no se centra en lo que sucede en el momento presente”. Una de las consecuencias de la “mente de mono” es que, al evadirse constantemente del presente, impide la vivencia de la realidad que está aconteciendo en el presente. En cierto sentido, podríamos decir que impide la vida”.

El alma, en el futuro. “Los seres humanos de nuestra era solemos vivir más en el futuro que en el presente. Podríamos decir que tenemos el alma vendida, no al diablo, sino al futuro. O que el diablo se nos aparece en forma de futuro tentador. El ser humano se siente incompleto en el presente. Se siente insuficiente o indigno, y para hacer frente a esa sensación de poquedad, imagina que algo ha de suceder en el futuro; ello compensará su incompetencia y lo colmará de dicha y felicidad. Pero como la vida solo se desarrolla en el presente, el futuro se va dejando para otro momento y la felicidad prometida nunca llega. En la vida cotidiana esto se traduce en que solemos estar casi todo el tiempo esperando que llegue el momento siguiente”.

La plenitud, en el presente. “La respuesta a este espejismo del futuro consiste en vivir con plenitud el presente. El realidad, solo el presente puede vivirse con plenitud, ya que él existe, mientras que el futuro, no. El futuro se puede imaginar, pero no vivir. Y la imaginación del futuro suele producir situaciones como la del cuento de la lechera. El cántaro se rompe y todos los sueños se desbaratan en unos segundos”.

El futuro, innecesario. “Una de las consecuencias más impresionantes de vivir con plenitud el presente, es que el futuro se nos hace innecesario. Como no esperamos que nos haga felices, ni tampoco desgraciados, simplemente dejamos que vaya llegando y que nos traiga lo que nos tiene reservado. No me refiero a que no deba existir una planificación y un objetivo para las acciones que hemos de llevar a cabo. Se trata de no estar pendientes de lo que pase para sentirnos felices o desgraciados y estar abiertos afectivamente a todo lo que puede suceder”.

Las respuestas automáticas. “A lo largo de la vida, con la repetición de las mismas reacciones a determinados estímulos, algunas respuestas se hacen cada vez más automáticas y menos reflexivas. Respondemos sin reflexionar y, en estos casos, fácilmente nos equivocamos y acabamos realizando actos que después podemos lamentar”.

Ventana de tolerancia. “La ventana de tolerancia define el ancho de la banda de activación o excitación dentro de cuyos márgenes un individuo concreto puede funcionar bien. Resulta fácil que una emoción demasiado intensa nos arroje fuera de la ventana de tolerancia, incapacitándonos para responder con equilibrio y fluidez a las situaciones estresantes que se presentan. Se trata de transformar esa energía emocional en resultados positivos, reorientando la situación en una dirección constructiva”.

Pararse. “Suele costar. La emoción nos impulsa a actuar en seguida, de manera impetuosa e irreflexiva. Si nos paramos y nos damos tiempo para reflexionar, creamos la posibilidad de responder de manera distinta a la habitual. Al principio es difícil pero, tras varios intentos, llegará el momento en que nos detengamos a tiempo de evitar la reacción preprogramada. Una vez que nos hemos parado, hay que serenarse y resulta útil para ello llevar la atención a la respiración. Conviene familiarizarse con todos los aspectos posibles de la emoción que estamos viviendo o reviviendo. ¿Es rabia, miedo, tristeza, vergüenza? En cierta forma, darle nombre es una manera de apaciguarla”.

Personas autocompasivas. “Ablanda, tranquiliza, permite. Te ofreces amabilidad porque te sientes mal. Cuando la emoción amaina, es bueno empezar a desidentificarse de ella. No somos la emoción, sino que la vamos a albergarla durante un cierto periodo de tiempo”.